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Minería ¿depredadora del medio ambiente?

Minería ¿depredadora del medio ambiente?

Autor: Rafael Fernández Rubio (Premio Rey Jaime I a la Protección del Medio Ambiente;Profesor Emérito de la Universidad Politécnica de Madrid;Presidente del Club Español del Medio Ambiente

e-mail: rfrubio@gmail.com 
 
 

Las edades mineras de la Prehistoria

       Si preguntásemos, a nuestro derredor, acerca de la minería y, más concretamente, sobre su incidencia en el medio ambiente, e hiciésemos una encuesta, no sería para nada sorprendente encontrar a una mayoría de la sociedad que adjudicaría las peores calificaciones a esta actividad, absolutamente necesaria, y que se ha desarrollado, paso a paso, de la mano de la humanidad.

       Cuando la Historia todavía era Prehistoria, y a lo largo de dos millones de años, existió una Edad de la Piedra… Aquel australopithecus consiguió progresar, y hasta hacerse hombre, porque supo construir utensilios, y armas de piedra y luego de metales… y ambas eran minería. Y el Neandertal se hizo Cro Magnon, porque perfeccionó aquellos utensilios, y vivió en aquel mundo subterráneo que eran las cavernas, encontrando en ellas agua y abrigo. Y, porque consigue pulir la piedra, deja atrás a sus ancestros del Paleolítico Superior (“piedra antigua” o piedra tallada), para pasear erguido por el Neolítico (“piedra nueva”, o piedra pulida). Y con piedras ciclópeas construye dólmenes y menhires, que no son otra cosa que un hacer minero.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Pero, igualmente, aquellos antepasados sumerios progresan, porque hacen minería, pudiendo caminar así por las sendas de la Edad del Cobre (Calcolítico), y luego de la Edad del Bronce (que no es otra cosa que la fundición de cobre con estaño); y esto ya pasaba hace más de seis mil años. Y, porque requiere transportar minerales, aquel antecesor comenzó a utilizar animales de carga, y hasta adentrarse por los rudimentos de la navegación a vela, y perfeccionar la rueda para el transporte. Y así, por aquellos quehaceres mineros, en los vericuetos del II milenio a.C., aquellos antepasados nuestros de la Prehistoria transportaban ese estaño, para fabricar bronce, desde la vieja Albión (o Alouion de Ptolomeo) hasta el Próximo Oriente. Y es que aquellos antecesores, lo reconozcan los antimineros o no, eran mineros.

       Y aquellos nuestros abuelos progresan porque descubren y benefician filones de hierro, mineral que calentaban en hornos, para separar la escoria, volviéndolo a recalentar para obtener un bloque de metal, que trabajarán con martillo y forja, para poseer el territorio y obtener los alimentos… Y, en lo más recóndito de  la Prehistoria, nació la explotación y el trabajo con aquellos metales nobles que son el oro y la plata, que siempre han sido objeto de deseo y patrón internacional de trueque, y que son fruto igualmente de la minería. 

Por los surcos de la historia

       No podríamos hacer camino, en la historia de la humanidad, sin discurrir por la Era del Carbón y por la Era del Petróleo, pese a quien pese, y no lo podremos hacer sin avanzar con paso firme por la Era Nuclear…

       Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Porque la humanidad, de la que somos ciudadanos, y con la que progresamos, es inconcebible sin hacer minería. Por eso, aquellos que, en sus vociferantes algaradas callejeras, lanzan enardecidas proclamas a un ¡minería no! deberían convertirse en australopithecus, caminando a cuatro patas. En otro caso son hipócritas en sus principios, cuando no quieren regresar a la Edad Pre-mina, que es lo que acontecería si prescindimos de todo lo que se produce por la existencia de la minería: vivienda, transporte, electricidad, sanidad, alimentación...

       Ahora, cuando se celebra el bicentenario de Darwin, que defiende esa continuidad y parentesco entre el hombre y las demás especies vivientes, se ve que algunos mentalmente no han progresado, y se sienten hermanos o primos de los chimpancés, con los que deberían compartir más del 99 por ciento de sus genes…

       Pero volvamos a lo nuestro, para dejar sentado que el progreso de la humanidad se basa en una necesaria minería, el negocio de más baja cuota en el cómputo de éxito/fracaso.

       Ahora bien, cuando enarbolemos conscientemente ese ¡minería sí!, lo tenemos que hacer desde el convencimiento de que la minería tiene que acometerse con las mejores tecnologías, coherentemente con los principios de la sostenibilidad, y por ello en el marco de un equilibrio social, económico y ambiental, sin demagogias y sin fobias1.

       Y esa minería tiene que ser respetuosa con el entorno, y con el hombre que lo habita; y lo tiene que ser con la sociedad, y tiene que recibir el apoyo (y también someterse al control) del Estado, pero no al de fanáticos antisistema, y antiprogreso.

       Y tenemos que ser conscientes de la necesidad de rehabilitar los espacios mineros, buscando incrementar los impactos positivos a costa de minimizar sus impactos negativos. Y “rehabilitar” es dar nuevo uso a ese territorio afectado, lo que es muy diferente de ese falso “restaurar”, al que inconscientes legisladores dieron carta de naturaleza, y con el que conceptualmente llevo luchando muchos años, viendo con satisfacción que cada día son más los que asumen la rehabilitación y olvidan la restauración. 

Los impactos antropogénicos

       Pero, llegado a este punto, en este discurrir, quisiera introducir una óptica que considero sustancial. ¿Qué significa territorialmente la afección de la minería? Apenas tenemos cifras comparativas, pero nos basta con abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor, donde quiera que estemos. Pero abrir los ojos para ver, y para ver con ecuanimidad, no dependiendo del color del cristal con el que queremos mirar. Eso es lo que pretende el Corine Land Cover2, al que aún le falta mucho camino por andar, si bien incluye en su delimitación a Zonas de extracción minera (1.3.1) y Escombreras y vertederos (1.3.2).

       Porque ¿quién impacta más territorio? La biodiversidad, esa por la que levantamos tribunas y enarbolamos banderas, está infinitamente más afectada por actividades como la agricultura, o las infraestructuras o el hábitat urbano, o la industria, o las áreas comerciales… Necesitamos producir alimentos para nuestro sustento, y nos hacemos “urbanícolas” para tener un techo y un lecho, y viajamos para buscar el encuentro… pero esas actividades, que consideramos imprescindibles, consciente o inconscientemente, afectan infinitamente más territorio que la minería. Su afección se extiende normalmente a decenas de tantos por ciento del territorio, cuando la minería apenas lo hace a décimas o a centésimas de ese porcentaje, y muy frecuentemente en lugares inhóspitos y desheredados.

       Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Por ejemplo, en la Región de Murcia la agricultura ocupa el 53,5 % de la superficie regional y, en ese análisis de usos del suelo, que nos aporta el CORINE, incluso para lo que se definen como “cuencas mineras”, como es el caso de Montalbán (Aragón), la agricultura ocupa una superficie que multiplica por 28,90 a las áreas que han tenido alguna ocupación minera, y las zonas forestales la multiplican por 129,28… Lo que acontece es que la minería tiene, tras de si, a empresas a las que esos grupos de presión anti-mineros odian visceralmente.

       Pero es que, a mayor abundamiento, eso que pomposamente se ha dado en llamar “agricultura ecológica”, no podemos negar que afecta a la biodiversidad, al cultivar terrenos que, en su condición primigenia, debieron tener una biodiversidad diferente a la que ahora el hombre implanta, sin restituirla a los cánones de la más ortodoxa ecología. Y es que todos los fundamentalismos son irracionales, y propios de irracionales ayatollah.

¿Quiere esto decir que la minería debe tener “patente de corso”? Por supuesto que no, pero no un no cualquiera: un rotundo ¡no! La minería tiene que desarrollarse con las mejores herramientas que la técnica hoy nos ofrece, y debe encararse con un decidido convencimiento de aplicarlas, en pos de una ansiada sostenibilidad bien entendida.

       Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Y es por ello que, en el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre «La minería no energética en Europa» (2009/C 27/19), publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea, se insta a la Comisión y a los Estados miembros a “Incrementar la compatibilidad de la extracción con la protección del medio ambiente: ampliando las mejores prácticas basándose en Natura 2000” (las “negritas” no son mías). Pero es que, además, y para los que no entienden la necesidad de la minería, que lean sin saltárselo lo que allí se dice taxativamente “Los minerales son esenciales para el desarrollo y, por tanto, para nuestra calidad de vida y la creación de comunidades sostenibles.”. Porque “En la actualidad el 70 % de la industria europea depende de sustancias extraídas del subsuelo”.

       Los que quieran vivir como humanos: apoyen a la buena minería. Los que quieran prescindir de ella: háganse australopitecus. ¡Todos seremos felices!

       Este es mi mensaje desde el dilúculo3 de la vida…

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